
Todas las organizaciones necesitan recursos financieros para poder funcionar. Es decir, dinero para poder utilizar en sus operaciones comerciales.
Existen distintas fuentes de obtención de estos recursos, pero básicamente podemos distinguir dos: recursos propios, es decir, generados por la misma organización, y recursos ajenos, es decir préstamos otorgados por terceros ajenos a la organización.
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